Equidad en los medios de comunicación
El domingo, en un acto de repudio a la detención de Greg Sánchez, desde el centro del mitin, desde la voz de miles, se inició un grito en contra de un diario de Cancún conocido como el Quequi. El grito masivo se condensaba en ¡No al Quequi! ¡No al Quequi! En medio de mi discurso, me pasaron una tarj


Jesús Ortega Martínez
Equidad en los medios de comunicación
El domingo, en un acto de repudio a la detención de Greg Sánchez, desde el centro del mitin, desde la voz de miles, se inició un grito en contra de un diario de Cancún conocido como el Quequi. El grito masivo se condensaba en ¡No al Quequi! ¡No al Quequi! En medio de mi discurso, me pasaron una tarjeta en donde me explicaban que el susodicho periódico estaba desde hace meses publicando mentiras y calumnias que agredían a nuestro candidato a gobernador, pero también agredían a las personas que apoyaban, en su derecho constitucional, a Gregorio Sánchez.
El Quequi ha estado publicando que las personas que apoyan al candidato de la Mega Alianza son “acarreados, gente sin oficio, ignorantes”, etcétera. Al final de mi discurso dije que la mejor manera de enfrentar esas calumnias era hacerle un boicot a dicha publicación.
Cuento esta anécdota debido a que lo que sucede en Quintana Roo, es decir, el control por parte del gobernador de la mayoría de los medios de comunicación en esa entidad, sucede igualmente en otros estados, especialmente en donde se están llevando a cabo las campañas electorales. Muchos medios de comunicación están siendo controlados por el gobernador respectivo y está ausente, en esas campañas, una mínima equidad, como también un elemental profesionalismo periodístico.Los caciques que combatimos en estas elecciones controlan otros poderes: asociaciones empresariales, organizaciones sociales y, desde luego que controlan, a través de los contratos de publicidad, a no pocos medios de comunicación.
Controlar los medios de comunicación es siempre una “estrategia caciquil” para impedir que salgan a la luz pública las inconformidades y las protestas de la ciudadanía o de la oposición política.Aquellos periodistas que en la Ciudad de México se rasgan las vestiduras con cada crítica al quehacer de los medios, deberían observar lo que sucede en Durango o en Quintana Roo o en Aguascalientes, etcétera, en donde el candidato de la oposición, especialmente de izquierda, es ignorado o nunca aparece en los diarios o en los noticieros de la radio y la televisión. Aquel que por error saca una nota es inmediatamente apercibido por el gobierno como si hubiese cometido una falta o un delito.
Pero es igual en otras entidades en las que, para estar presentes en las noticias, los candidatos son condicionados a hacer contratos de publicidad en donde el aspirante, cualquiera, tiene que erogar grandes cantidades de dinero.
Esta es una penosa realidad que se convierte en un fardo que detiene el avance democrático y un obstáculo que atenta contra uno de los elementos fundamentales en cualquier contienda electoral: la equidad en la comunicación para que los electores cuenten con toda la información y puedan votar mejor informados.