
Durante los tres primeros días de octubre del año 1999, en la ciudad de Tlaxcala, tuvimos cita 322 dirigentes y simpatizantes, todos ellos compañeras y compañeros del partido; el interés de acudir a la reunión era darnos la oportunidad de razonar, explorar y generar un diagnóstico crítico sobre los nuevos caminos que debería tomar el PRD en su organización, funcionamiento, y los cambios que debía realizar frente a su agotada línea política. La presencia y participación de intelectuales fue la antesala de lo que en teoría y práctica debería fomentarse al interior del partido: nuevos valores y actividad política moderna.
La composición de la gente que nos reunimos en Tlaxcala fue disímbola en cuanto a nuestros orígenes políticos, pero muy enriquecedora en la práctica política dentro del partido. Antiguos militantes de diverso bagaje político y cultural nos habíamos reunido, exguerrilleros de la Liga 23 de Septiembre, exmaoístas del Movimiento Revolucionario del Pueblo y de la Organización de Izquierda Revolucionaria Línea de Masas, excomunistas del PCM, exdirigentes del Partido Mexicano de los Trabajadores, y antiguos miembros del Partido Socialista de los Trabajadores, líderes sindicales y sociales, entre otros más que se habían forjado en la lucha política del país y que ahora estábamos en el PRD. Gran mérito fue dejar a un lado cualquier diferencia ideológica y dogmática, pues nuestra búsqueda recaía en la generación de nuevas ideas para el partido y eliminar prácticas antidemocráticas que se venían construyendo desde sus comienzos.
En efecto, muchos valores que se habían fomentado desde los once años que dieron forma al PRD, debían ser replanteados de forma plural, no determinista y sobre todo de manera autocrítica: culto a la personalidad, intolerancia, partido o movimiento, centralización en las decisiones del partido, significaban mucho más que un simple debate académico; a grandes rasgos el debate significaba lealtad, identidad u orientación política hacia el líder o hacia el partido. De esa divergencia nació Nueva Izquierda, como organización de opiniones y corriente dentro del partido que representa una izquierda propositiva a favor de México y del PRD como instrumento de transformación del país.
Al participar en los foros para el VI Congreso Nacional del PRD Jesús Ortega lanzó un documento titulado “Por la refundación del PRD” que contenía ocho tesis encaminadas a generar una vasta línea de discusión en el congreso. El reconocimiento de la crisis del PRD, la consolidación de nuestra organización como partido político, nuestra identidad, nuestra ideología, la ética como valor para la transformación social, el nuevo programa y la estrategia política del partido, y renovar los esquemas de organización en el partido, fueron los elementos que nueva izquierda puso a discusión en el VI Congreso Nacional.
Todo ello significaba un cambio radical en el partido, sin embargo prevaleció la línea conservadora en el partido, y frente a la opción de ser un partido socialmente útil ante las oportunidades que representaba la transición política del año 2000, que pudiera abanderar el programa partidario en el Congreso de la Unión, prevaleció la línea rupturista e intolerante, enfrascada en la confrontación directa, que evitaba cualquier diálogo con la oposición, y nos destinaba a ser una izquierda eficazmente testimonial.
Nueva Izquierda continuó su camino orientado a transformar el partido e impulsó la candidatura de Jesús Ortega a la presidencia nacional del PRD para el periodo 2002-2005. Con un enorme esfuerzo de nuestro candidato y del equipo de Nueva Izquierda el resultado de la elección no nos favoreció; nuestra respuesta fue sensible y no escarmentamos la derrota demostrando una actitud madura en favor de la lucha interna y de unidad hacia el partido.
Con motivo de las elecciones de 2006 dejamos a un lado cualquier interés que, aunque legítimo, pareciera mezquino y fuimos en alianza junto con los grupos mayoritarios del PRD para impulsar la campaña interna de Leonel Cota y Guadalupe Acosta Naranjo en 2005.
Luego de los resultados electorales, en donde el gobierno de Vicente Fox participó activamente para fortalecer la candidatura de su partido, nos sumamos a las demandas de libertad de la voluntad y respeto al voto ciudadano expresado en las urnas.
La lucha siguió y en 2008 buscamos nuevamente la presidencia del partido. Con una campaña enfocada a buscar el voto de todos aquellos perredistas organizados en Nueva Izquierda y sus principios, buscamos que el lema de nuestra campaña Somos Más sumara a todos los dirigentes y organizaciones, que venían desde orígenes tan diversos en la izquierda política mexicana, para poder participar en los grandes cambios que el partido necesita.
La victoria se dio y actualmente Jesús Ortega es presidente del PRD. Nos encontramos en un camino distinto, el de dirección de nuestra propuesta a la que esperamos se sumen nuevos puntos de vista y generar así la izquierda que México necesita.
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